En La Habana reina la paz, la de Colombia

Amanda Rubio González

Las calles de La Habana conservan aún el encanto de lo decadente, esa magia que rodea a una ciudad cuyos edificios se caen a ritmo de tambores. Delante de los escombros de un viejo inmueble de estilo art-decó unos niños juegan al béisbol con una pelota hecha a base de calcetines viejos y un palo de madera a modo de bate. Unos pasos más allá, la florista -que esta vez solo tiene dos variedades- desatiende su negocio unos momentos para atender su Smartphone. La capital es el lugar de los contrastes, donde el último grito de la moda de España recorre calles repletas de baches con nombres propios.
Mientras todo esto ocurre en La Habana Vieja, la zona de El Laguito se convierte en protagonista internacional al ser el lugar de las negociaciones de paz para Colombia. Las mejores mansiones de toda la capital acogen a los negociadores y representantes del gobierno colombiano electo y de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). En esta joya dentro del barrio de Miramar tuvo durante mucho tiempo residencia García Márquez, vivió Hugo Chávez con su familia… En un lugar donde el lujo y el secretismo han sido siempre protagonistas absolutos.
El Laguito, cuyos espacios hasta ahora solo habían sido capturados por las cámaras indiscretas de Google Earth, recibió ayer un aluvión de periodistas que no querían perderse el momento: se firmó un alto al fuego que marcaría el fin de la guerra colombiana.
Durante medio siglo el conflicto en Colombia ha causado miles de muertes y desde 2012 gobierno y guerrilla intentan llegar a un acuerdo de paz en el que Cuba ha participado desde el principio como garante o sede. Desde esas fechas, El Laguito ha acogido a los representantes de las FARC, rodeados de todos los lujos necesarios, convirtiéndose la isla una vez más en refugio de los guerrilleros. Una vez más, sí, porque también lo fue cuando en sus inicios prestó apoyo económico y logístico en pleno momento de ebullición de las guerrillas revolucionarias con Cuba a la cabeza como ejemplo a seguir. Ahora esos tiempos parecen haber caído en el olvido para el gobierno y la isla actúa como intermediario neutro. Los cubanos, sin embargo, se muestran más reticentes a olvidar esas historias y de los corros de transeúntes de La Habana saltan comentarios como: “Hay que ver cómo cambian los tiempos, de propiciar la guerra a clamar la paz”.
La seguridad de El Laguito es una de las mejores de toda la isla, y la presencia para la ocasión de líderes internacionales, como Ban Ki Moon, ha hecho que los esfuerzos se doblen. Se comenta entre los isleños que pasean por las calles de Miramar que este sitio es uno de los lugares con mayor número de micrófonos escondidos por metro cuadrado. Los comentarios se hacen entre susurros a kilómetros de distancia, porque El Laguito es un lugar negado al pueblo durante años.
Mientras, en La Habana Vieja, uno de los niños, que luce una camiseta con la bandera americana, logra marcar un home run en lo que la florista no termina de aclararse con las nuevas aplicaciones del móvil. Así es Cuba, donde mientras se firma un acuerdo de paz histórico que marca el inicio de una nueva etapa, un edificio, esta vez de estilo rococó, pone fin a la suya.

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