En este país se han acabado las relaciones de amistad

Rosa María París Portero

 
Alexandra cumplió diecinueve años el pasado ocho de junio. Nació, vive y estudia Comunicación Social en Colombia, así que de lunes a viernes se levanta a las 5 am para llegar a la universidad a las 7 am; se toma su tiempo para vestirse y desayunar. En sus ratos libres le gusta leer, ver películas y salir con sus amigos, y su vida es un poco ajetreada desde que representa a la Asociación de Bienestar Universitario.
Anda algo preocupada; últimamente su día a día gira entorno a la situación político social que asola Colombia. Resulta que se ha convertido en el centro de todas las conversaciones, y forma parte sí o sí de la agenda diaria de los medios informativos. “No hay términos medios, sin mentirte, en este país se han acabado las relaciones de amistad porque no aceptamos que otros piensen diferente a nosotros, y eso es muy triste”. Hace unos días, mientras volvía de clase en autobús, dos señores comenzaron a discutir. El partidario del no argumentaba que no era justo que los criminales fuesen a tener impunidad, mientras que el otro objetaba que la gente, incluso las víctimas, está dispuesta a perdonar. Al principio era un mero debate, que los pasajeros escuchaban sin prestarle mayor atención, hasta que uno lanzó su puño hacia el otro y comenzaron a pelear. “Eran dos adultos, y el diálogo había quedado en el absoluto olvido”.

Hace ya dieciséis días que una mayoría colombiana rechazó el acuerdo que se había propuesto entre el Gobierno y las FARC, desatando una pregunta, cinco letras, que están desuniendo el país: ¿Sí o no?

“Yo también deseo de todo corazón que las FARC y todos los grupos armados paguen por todo el daño que han hecho, pero aquí en Colombia ya no hay cárceles, hay hacinamiento”, argumenta Alexandra. Ciento diecisiete mil presos se reparten en ciento treinta y ocho centros penitenciarios en el país, lo que genera una escandalosa cifra de cuarenta mil quinientas personas hacinadas en las cárceles. ¿Construir más cárceles? “Eso sería el colmo. Que inviertan en educación, en hospitales”.
Alexandra enciende el televisor cuando llega de clase, pero ya ha dejado de prestarle atención a lo que dicen los noticiarios. Le entristece que los medios de comunicación no cumplan su labor, y se dediquen a confundir a la ciudadanía en un país donde la tasa de analfabetismo roza las nubes. En Colombia, donde hay poblaciones a las que no llega internet, no hay luz, y los televisores llevan antena, lo lógico sería que los medios cumplieran su papel de informar… Sin embargo, la hermana pequeña de Alexandra no hace más que mirar la televisión en busca de datos nuevos que no llegan, escondidos bajo noticias que ya saben todos y que, por lo tanto, ya han dejado de ser noticia.

“La ciudadanía se une en la calle por la paz ante la división política en Colombia”, apunta un titular de El País digital. Pero Alexandra sale a la calle y respira tensión, desasosiego, incertidumbre; no deja de preguntarse qué va a pasar con ellos, qué va a pasar cuando se termine el alto al fuego. “¿Volverán las FARC al monte y seguirán matando? Esa es la duda que todos tenemos. Porque ganó el NO, y nadie pensó que iba a ganar. Y entonces no hubo un plan B, no hubo nada… Nos quedamos en el aire”.

Y vuelve a encender el televisor, esperanzada.

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