Un buen día pasado por agua

Jennifer Yasmin Sánchez Cotto

 

Es muy común que en Cartagena te roben cuando estás viajando en buseta. La seguridad aquí es pésima, y si encima eres una mujer joven mucho peor. Eres un blanco fácil para los carteristas y los degenerados.

Todo apuntaba a que sería un buen día. Me disponía a salir de casa y tomar la buseta que siempre me lleva a la Universidad Tecnológica de Bolívar, donde estudio comunicación social.

 Siempre cojo la misma línea, ruta de caracoles-bosque. Le pago mis 2.000 pesos colombianos al sparing y me subo. Pero por algún motivo que a día de hoy no puedo recordar, me equivoqué de ruta y acabé en el Muelle de los Pegasos. Es una zona que ha aparecido últimamente en los medios por tratarse de un lugar de prostitución y mal ambiente.

Iba tan concentrada en mi música y en mis nuevas ideas para el semillero de investigación que tenemos en la universidad que ni me enteré de que la buseta acababa su trayecto allí. Algo asustada y con el olor a rancio metido en la nariz, me dirigí tres cuadras más abajo donde se encuentra una de las paradas de la nueva red de transporte en Cartagena, Transcaribe.

Me disponía a coger la línea que me dejaría directamente en la universidad y así de paso probar todas esas innovaciones y novedades que el Gobierno nos ha estado vendiendo durante el último año para promocionar este nuevo medio de transporte. Pero este nueva herramienta para moverse por el interior de Cartagena te exige tener una tarjeta Transcaribe que se demora en llegar a casa unas semanas, así que sin mi tarjeta y sin dinero suficiente para comprar un tiquete, me dispuse a coger de nuevo la buseta, esta vez en sentido contrario.

Ahora el día olía a tierra mojada. Estamos a principios de octubre y esta es la temporada más alta de lluvias en Cartagena y la humedad en el ambiente ayuda también a crear esta atmósfera de tierra mojada que me encanta. Por suerte el olor molesto del Muelle de los Pegasos ya ha quedado muy atrás y se ha sustituido por un olor casi embelesador a barro, humedad, lluvia que junto con el olor a arepas, recién preparadas que sale de las casas, es como un recuerdo que te viene a la mente y no sabes muy bien cómo encontrarlo. Pero aún así, es extremadamente agradable.

A pesar de ello, y por culpa de las lluvias, el camino que sigue la buseta de repente se ve cortado por un pequeño barranco de agua y barro que se ha formado y que no deja circular a los turismos. Inmediatamente me doy cuenta de que si quiero llegar alguna de mis clases hoy, debo optar por el medio de transporte más utilizado en una ciudad tan caótica y cara como Cartagena de Indias. Las motos.

Son el medio de transporte más utilizado por los colombianos en Cartagena ya que es muy rápido y en esta ciudad sumida en el caos es necesario utilizarlas si tienes prisa.

Casi más indignada por mi despiste que por el suceso en sí, me doy cuenta de que mi cartera con mi dinero y mi documentación ha desaparecido. Mi situación es alarmante; me encuentro sola en un barrio que no conozco, sin dinero ni identificación y sin la forma de volver a casa, porque con el disgusto que llevo encima la opción de asistir hoy a la universidad se va disipando poco a poco.

Me paro delante de algunos motoristas y les explico mi situación. Recibo comentarios groseros y proposiciones indecentes en medio de risas y miradas descaradas. Nada más. Pero de repente, aparece él. Moreno, de estatura media y con un chamarra negra.

Leonardo se llama el chico que conduce la moto. No nos conocemos, aquí en Cartagena es muy usual pararte delante de los motoristas y preguntar el precio por llevarte allí donde desees. Pagas tu viaje, te llevan y te despides. No hay más contacto que el que tú desees con el moto-taxista. Pero él, ha puesto una pizca de luz en este día tan negro. Sin más petición que mi nombre y la dirección del lugar donde deseo llegar, se ofrece a llevarme hasta casa sin coste alguno. Su hermana tuvo una mala experiencia hace unos años al quedarse tirada en un barrio peligroso y él se ha ofrecido a brindarme la ayuda que ella no recibió. En este momento, de verdad creo que el futuro de mi país no puede ser tan negro como lo pintamos si aún quedan personas como Leonardo.

He llegado sana y salva casa y ahora tengo un nuevo amigo con el que contar y una muy buena historia para seguir creyendo en el futuro de mi país. A pesar de todo, sí se puede.

 

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